y he escuchado su clamor en presencia de opresores;
pues ya conozco sus sufrimientos…
ahora pues, ve: yo te envío…
YO, Yahvé, estaré contigo.”
(Éxodo 3, 7-11)
Así quiero recordar y saborear la historia de mi vida, demi vocación que me ha llevado a buscar, a discernir y a decidir paraparticipar en la misión sanadora de Jesús en nuestra Congregación de las Hermanas Misioneras Médicas.
Soy la Hermana María Emma Panizales. Nací y crecí en un país de más de 7 mil islas en el continente de Asia, Las Filipinas, en una de sus Islas, Mindanao en la ciudad de Cotabato.Mindanao, como lo llamábamos “la tierra prometida” donde los recursos naturales abunda en las montañas verdes, en las aguas llena de vida, en las tierras fértiles, en la gente que viene de distintas culturas con distintos idiomas y distintas maneras de glorificar a Dios! Mindanao, donde habitan y conviven nuestros hermanos/hermanas musulmanes/musulmanas; indígenas y los cristianos que han venido de diferentes islas.
En esta misma isla de Mindanao, en las distintas comunidades (donde hemos vivido – mi papá trabajaba en una oficina del gobierno para que nuestra gente obtenga sus títulos de la tierra) y en la familia;fueron los lugares y circunstancias llenas de gracia y bendiciones de Dios donde he aprendidoa valorar, a gozar la vida – vivirla con sentido, con amor, compartiendo, solidarizando y honrando al Dador de la Vida y Amor en todo lo que hago y en todo lo que soy.
Sin embargo, en la misma isla llena de riquezay amor de Dios manifestado en todos, he visto y he palpado-vivido no solamente el amor, lo grandioso y bonito que Dios me ha dado, sino lo opuesto… los sufrimientos de mi pueblo causados por la pobreza, por la intriga, por la guerra/pelea que ha causado muchísimas muertes (hasta el día de hoy), por las diferencias que hay en como gobernar, en como seguir el Dios Verdadero, el Dios en quien creemos que se llama el Dios Padre/Madre, que también se llama Alá y El Dios que tiene otros Nombres!Es el mismo Dios que me ha retado para dar sentido a mi vida, el mismo Dios que me llamado a participar en la misión sanadora de Su Hijo, Jesús para decidir que sí el camino a trazar para dar a conocer el Amor de Dios para con todos es seguirlo más de cerca en la Congregación de las Hermanas Misioneras Médicas con la pregunta que he hecho eco en mi corazón las palabras de los discípulos: “¿Señor, dónde vives?” Y encuentro Su respuesta: “Ven y veras.” (Juan 1, 35 SS).La respuesta que Él ha dado a sus discípulos, una respuesta que me sigue dando hasta el día de hoy para confirmar y afirmar que LO encontraré siempre donde está su pueblo que clama por la presencia de Dios, que clama por Su Justicia.
Siguiendo los pasos de Jesús en la Congregación de las Hermanas Misioneras Médicas me ha llevado a vivir y trabajar en las zonas marginadas de mi país (donde los empobrecidos y explotados vivían), educando, organizando y luchando con ellos por su pedazo de tierra para que tengan una vida digna, por su salud, por su libertad y crear comunidades cristianas entre ellos y con ellos; y a la vez participando en la misión de la Iglesia para que la justicia y la paz sea una realidad para con todos nosotros. Desde estas realidades, acompañar otras jóvenes y mujeres que también quieren dar mayor razón y con sentido a su vida… animándolas a seguir a Jesús dentro de la Congregación de Hermanas Misioneras Médicas y así juntas podamos llevar a cabo la misión que Dios nos ha encomendado.
Consciente que Dios me ha llamado y me ha formado desde mi seno familiar y en una Congregación Internacional, para que juntos seamos “alianza del pueblo y luz de las gentes” (Isaías 42) para que podamos ser discípulos/discípulas de Jesús (Mateo 28, 18) para que la salvación de Dios alcance hasta los confines de la tierra (Isaías 49, 6), he dicho sí una vez más (tratando de decir Sí como nuestra Madre María ha hecho a todo lo que le agrada Dios) en participar en la misión que estamos desempeñando aquí en Venezuela, América Latina.
En Venezuela he vivido y he trabajado en Barrio Simón Bolívar, Maracaibo acompañando a jóvenes para que buscasen sus propios caminos que da sentido a sus vidas, la vida que Dios les ha regalado; y a la vez crear y acompañar Comunidades Cristianas para que juntos profundicemos nuestro seguimiento a Jesús.
La vida siguió y la llamada de Jesús sigue. Esto me ha llevado a trasladar a Caracas para acompañar más aún las jóvenes venezolanas y otras latinas, en una manera de seguir a Jesús, el Sanador, acompañarles para que ellas pertenezcan a nuestra Congregación.
Desde Caracas donde vivo hasta ahora, sigo con el trabajo en la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia de Religiosos/Religiosas de Venezuela, una Comisión que acompaña otras/otros religiosas/religiosos para que como religiosos/religiosas de Venezuela sigamos participando en la misión de Jesús de comunicar con nuestra gente encarcelada, nuestra gente sin casas, las mujeres y niños explotadas/os, los migrantes y refugiados que Dios les sigue amando, que Dios no les ha abandonado, que Dios sigue aquí con nosotros porque somos todos preciosos en Sus Ojos y nos sigue diciendo “Yo te amo” (Isaías 43).
¿Quieres que Dios siga hablando y siga escribiendo Su mensaje de amor en ti? ¡Déjalo vivir en ti y sígalo!