Nuestro Carisma

Nuestro carisma es la salud integral de cada persona. Vivimos en el espíritu de Jesús, el sanador. Expresamos nuestro carisma sanador a través de una variedad de formas: trabajando por la salud integral, la defensa de la vida, el desarrollo humano, las relaciones humanas que den vida, la promoción de la justicia y la defensa de los derechos humanos de todas las personas. Vivimos nuestra misión desde una opción preferencial por los pobres, para que ellos y ellas se reconozcan sujetos de su vida personal y de su vida en la sociedad.

Como miembros de una congregación religiosa católica, las Hermanas Misioneras Médicas profesamos públicamente votos de pobreza, castidad y obediencia. Individualmente y como congregación, compartimos lo que somos y lo que tenemos con los y las demás, confiadas en la bondad y en el cuidado de Dios.

Nuestro voto de pobreza significa que elegimos vivir de manera simple, interdependiente y responsable, conectando nuestra vida personal con el bienestar de las demás personas y de toda la creación.

Nuestro voto de castidad es signo de nuestro compromiso de amar y ser amadas. Nuestro celibato es testimonio del amor liberador de Dios, el cual es incondicional e inclusivo.

Nuestro voto de obediencia implica que vivamos y trabajemos en espíritu de diálogo, discernimiento y decisiones compartidas. Es el compromiso de colocar nuestros dones personales al servicio de la misión.

La oración es un elemento central de nuestra vida y una fuente constante de vitalidad. Nuestro encuentro con la tierra, la cultura y el pueblo, es como una bendición sacramental. Entramos en la liturgia de la vida con integridad, como una oración, regocijándonos con el Espíritu que nos inspira, a través de celebraciones y liturgias que dan vida.

La vida comunitaria es expresión de nuestro compromiso con la construcción del Reino de Dios. Estamos unidas por un llamado común y compartimos nuestra misión en comunidad. La relación entre nosotras nos desafía cada día a encontrar la presencia de Dios en nuestras vidas. Nuestra vida juntas es un fruto del Espíritu y un testimonio para el mundo de que a pesar de ser diferentes, es posible vivir en armonía y en relaciones que dan vida.

 


 

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